domingo, 23 de septiembre de 2018

CAP.I A) SITUACIÓN POLÍTICA EN PALESTINA. Poncio Pilato.

Como botón de muestra de las dificultades ocasionales por este régimen, pueden mencionarse los puntos de conflicto con los judíos durante el gobierno de Poncio Pilato, que ocupó el cargo de procurador de Judea del 26 al 36 d.C. y que condenó a muerte a Jesús.

Según un testimonio del tiempo (una carta de Herodes Agripa I reproducida por Filón), Poncio Pilato era un individuo intransigente, duro y obcecado, cruel y avaricioso. Su primera acción como gobernador de Judea fue, despreciando los privilegios judíos, ordenar a la guarnición de Jerusalén que desplegase los estandartes imperiales. El pueblo judío marchó multitudinariamente a Cesarea y mantuvo su protesta ante el gobernador durante cinco días y cinco noches, suplicándole que hiciese cesar tal ofensa. Al sexto día, Pilato hizo entrar a los judíos en el estadio, donde previamente había colocado un destacamento de soldados, y los amenazó con degollarlos si seguían con sus quejas. La actitud de éstos, dispuestos a morir antes que transigir con un quebrantamiento de la Ley, forzó a Pilato a ordenar que fuesen retiradas de Jerusalén las imágenes ofensivas.

Otra tormenta se levantó cuando decidió aplicar los ricos tesoros del templo a la provechosa finalidad de construir un acueducto para Jerusalén. Esta decisión fue considerada sacrílega por los judíos. De hecho, una vez Pilato, que visitó Jerusalén para inspeccionar las obras, se vio subitamente rodeado por el pueblo en masa, que manifestaba su disgusto y su protesta. Pero, advertido del posible tumulto, había dado órdenes a sus soldados de que, vestidos de paisano y armados de porras, se mezclasen con los manifestantes. Cuando las quejas y amenazas del pueblo subieron de tono, a una señal suya, previamente convenida, los soldados cargaron con sus porras contra la multitud, Muchos judíos perdieron la vida y, aunque la resistencia fue reducida, el odio hacia Pilato se acrecentó.

En Lc 13,1-4  se cuenta el asesinato de ciertos galileos en el templo por orden de Pilato, afirmándose que mezcló su sangre con la de los sacrificios; esto podría sugerir el elevado número de víctimas que causó esta represión. Por otra parte Mc 15,7  da testimonio de una sedición en tiempo de Pilato.

En la última época de su gobierno, Pilato hizo colocar escudos votivos ricamente adornados, sin imágenes, pero con el nombre del emperador, en la torre Antonia de Jerusalén. Los judíos no toleraron ni siquiera esto. Capitaneados por la aristocracia de Jerusalén y por los hijos de Herodes el Grande, trataron de convencer a Pilato de que retirase los escudos. Al no lograr su intento, los judíos más notables dirigieron una petición al emperador rogándole que ordenase la retirada de los escudos ofensivos. Tiberio dio orden a Pilato de retirarlos inmediatamente y colocarlos en el templo de Augusto, en Cesariea.

Un falso profeta convocó a los samaritanos al pie del monte Garizim, prometíendoles sacar a la luz los vasos sagrados del destruido templo que había estado situado en aquel monte; apelaba a la antigua creencia de que se hallaban enterrados allí. La brutal represión que hizo Pilato en aquella ocasión le costó el cargo. Los samaritanos lo acusaron ante Vitelio, entonces legado de Siria, quien mandó a Pilato a Roma para responder de su conducta y entregó a Marcelo la administración de Judea.

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