domingo, 7 de octubre de 2018

CAP I. C) LAS INSTITUCIONES JUDÍAS. 4. La sinagoga.

La palabra <<sinagoga>> significa ante todo <<reunión>>, y de ahí pasó a designar la sala o edificio donde ésta tenía lugar. La reunión se celebraba el sábado, y su objetivo principal era instruir al pueblo en la Ley mediante su enseñanza y explicación. Fuera de los sábados, la sinagoga funcionaba como escuela para los niños. Se organizaban también círculos de estudio para que los jóvenes conocieran más a fondo la Escritura.

Las sinagogas solían construirse fuera de las ciudades, cerca de la orilla de un río o junto al mar, de forma que todos pudieran realizar el lavado ritual prescrito antes de tomar parte en el servicio religioso.

El servicio religioso de los sábados comenzaba con la recitación del famoso texto <<Escucha, Israel>> (Dt 6,4-5)DEUTERONOMIO: CAPÍTULO 6.Seguía la oración pública dirigida por uno de los miembros de la reunión, a la que contestaba el pueblo. A continuación se hacía la lectura de la Ley y de los Profetas y un letrado predicaba sobre la lectura hecha; para terminar, si había un sacerdote presente, daba una bendición; si no lo había, el sacristán simplemente recitaba la fórmula.

En las ciudades o pueblos de población predominantemente judía, la vida ciudadana estaba regida por un consejo de ancianos (presbíteros) o concejales, todos ellos judíos. El poder de estos ancianos en materia religiosa ha de entenderse como análogo a la autoridad que ejercían en los asuntos civiles. Desempeñaban el papel de jueces también en los asuntos religiosos y probablemente les competía pronunciar la sentencia de excomunión o exclusión de la comunidad, que impedía tomar parte en la reunión de la sinagoga.

Aparte de los ancianos había en la sinagoga funcionarios especialmente designados para atender a ciertos asuntos concretos; sin embargo, para las lecturas bíblicas, la predicación y la oración pública no existía un encargado fijo; en el siglo I estos servicios podía desempeñarlos cualquier miembro competente de la congregación. Existía un jefe de sinagoga, probablemente elegido entre los ancianos, que supervisaba el servicio religioso y se encargaba de los asuntos de la sinagoga. A él tocaba designar al lector y al que dirigía la oración, así como invitar a la persona idónea para que predicara. Le correspondía, hablando en general, evitar que nada impropio ocurriera en la reunión y es probable que tuviera también a su cargo la conservación del edificio.

Había un encargado de recibir las limosnas y también un sirviente o sacristán, cuya tarea consistía en preparar los textos sagrados para el servicio religioso y devolverlos a su lugar una vez finalizado éste. Se encargaba asimismo de anunciar el comienzo y el final del sábado a toque de trompeta. Cuando el consejo de los ancianos condenaba a algún miembro de la comunidad al castigo de los azotes, era el sacristán el encargado de ejecutar la sentencia; asimismo, tenía a su cargo la función de enseñar a leer a los niños.

Toda comunidad judía tenía su sinagoga. La importancia de esta institución era extraordinaria, por su contacto continuo con el pueblo en todo el territorio de Palestina y en el extranjero. La enseñanza de los letrados, en su mayoría fariseos, que sábado tras sábado se impartía en ella, formaba la mentalidad religiosa y cívica de la gente. De hecho, la sinagoga era el cauce a través del cual se transmitía al pueblo la ideología farisea.

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